miércoles, 24 de febrero de 2010

LA VERDADERA HISTORIA DE ÍCARO

“Por favor, no me hagas vivir aquí en tu techo, sin ropa y sin alimentos”, imploró Ícaro, ya que el sol le había fundido las alas de cera y se había quedado encaramado en lo alto de una torre desde la que no se veía el suelo.

“Sí”, replicó la dama desde la ventana más alta de la torre, “y en las noches de frío te daré una manta, te leeré cuentos desde aquí y podrás dormir mirando las estrellas. Te tiraré pan con guindas y podrás comer con los mirlos que vienen a la torre. Me lanzarás besos y yo te chillaré versos desde aquí. Serás mi pájaro y yo seré tu sol”.

Ícaro lloraba pensando en su futuro y en su padre, que probablemente creería que se había muerto o que se había caído al mar. Mientras, la dama sonreía imaginando que aquella sería una preciosa y secreta historia de amor.

SABIDURÍA

Yo conocí a un hombre que estaba cojo, llevaba un ojo de cristal, un bastón chapado en estiércol, una pulsera de cascabeles y tenía un burro llamado Sansón. Durante 25 años se dedicó a criar palomas mensajeras con una habilidad de maestro, y nunca, nunca jamás en su vida escuchó la palabra colombofilia.

DESEOS

Yo conocí un hombre cuyo único deseo era encontrar al llegar a casa una taza de café muy caliente encima de la mesa de la cocina. Su mujer lo hacía maravillosamente; tres nubes de leche, dos cucharaditas de azúcar, el café siempre de mezcla sin moler y tan caliente para cuando él llegara que le hiciera quemarse los labios. Mientras, esta mujer soñaba con un hombre que no necesitara cafeína y se nutriera sólo de amor. Así que cuando lo encontró, se escapó con él entregándole su corazón y su vientre. El marido no la lloró, ni siquiera le dijo adiós con un pañuelo, sino que siguió levantándose a la misma hora y gastando la misma cantidad de gel para ducharse. Pero cuando llegaba a casa, la mesa de la cocina estaba vacía sin rastro alguno de una taza de café caliente. Tres días después de la marcha de su mujer, sacó del cajón de la mesita su navaja en forma de sirena y se asestó en el estómago tantas puñaladas como pudo hasta agotar las fuerzas de su existencia. Porque ¿de qué le sirve a uno la vida cuando no puede realizar su único deseo?

VICEVERSA

Yo tenía una amiga que en las grandes celebraciones y en las noches solitarias comía al menos un kilo de ciruelas amarillas sin pelar, bebía vino helado y tomaba alternándolos infusiones con azúcar y café frío. Decía que cagar era como follar al revés.

UP

Yo tenía un amigo que coleccionaba las alas de los insectos: las irisadas de las mariposas, las diminutas de las moscas, las transparentes de las libélulas, las polvorientas de las polillas. No se atrevía a diseccionar las de los pájaros ni las de los ángeles. Guardaba sus pequeños tesoros en una caja de madera que imitaba a un baúl. Esperaba que todos ellos algún día le ayudasen a volar.

GATILLAZO

Yo conocí a una mujer que después de un intento fallido de sexo se incorporó en la cama con el hombre que tenía al lado, como los que se acomodan para comer uvas en el campo. Con los cuerpos aún asustados y el amago de sudor frío en la piel, decidieron tácitamente que la única salida honrosa era la nicotina. Hubo que encender la luz y

volver a la conciencia. No se miraron la cara. Él buscó en la mesilla los últimos cigarros de un paquete de fiesta y le depositó un cigarrillo arrugado en el labio. Seguían sin mirarse a la cara. Ella se apoyó suavemente en él y le besó las costillas entre calada y calada. Una excusa para el diálogo, una excusa para el diálogo, rápido, antes de que algo se vaya de esta cama, rápido, para que se quede siempre.

Los ojos de la chica buscaron un salvavidas en aquel cuarto tan yermo. Las paredes blancas y despejadas, los cajones vacíos, las estanterías ausentes, la mesa con un mantel lleno de ceniza y cuatro folios, varios discos tirados, unos vaqueros arrugados en la silla. Y nada más. Él era así.

Pero había un pequeño detalle, casi escondido, que esperaba callado y hermoso encima del radiador.

- ¿Y esa estrella de mar seca?- preguntó ella, sorprendida ante la revelación de aquel objeto bello y decorativo en una habitación casi muerta, en un hombre tan poco detallista.

- Es el único recuerdo que tengo del Norte- comenzó a contar él- Pablo, mi amigo matemático, tenía mucha mano con ellas. Íbamos los dos a la playa en su busca. Yo nunca las cogía, soy muy torpe. Tenías que llevarlas sobre la palma de la mano con mucho cuidado de que no fuesen tirando las patas, que es su forma de reproducirse. Un desesperado intento de salvarse, supongo. Escisión. Reproducción por escisión. Yo no conseguía salvar ninguna, me limitaba a buscarlas. Ésta fue la única que sobrevivió entera en mis manos.

El fin de la historia de la estrella coincidió con el fin de los cigarrillos, los de ambos. Tras esto, ella se acordó de cuando él le dijo que de pequeño pensaba que los niños venían de los besos, y le quiso con fuerza.

Él le pasó la mano fría por la espalda. El cuarto olía a estrellas de mar muertas y a recuerdos que traían amor. Apagaron la luz y esperaron echados en la cama a que el amor viniera y les hiciera a ellos, más que ellos a él.

MEMENTO MORI

La Muerte vive en una casa muy alejada y todos los que se acercan a su mundo no tardan mucho en dejar de vivir, como no podría ser de otra forma. Así que la Muerte no suele tener demasiada compañía.

Los suicidas deciden internarse ellos mismos en su jardín, dispuestos a charlar, tomar un café con ella, tal vez jugar una partida al tute. Pero mueren mucho antes de llamar al timbre. Ésos son los mejores.

Algunos van despistados y sin querer se meten en su casa pensando que es una carretera con menos curvas, una ventana más baja, una escalera sin tantos escalones, una calle menos peligrosa. Ésos duelen.

A otros los arrojan. Los empujan a la casa de la Muerte a pesar de que intenten defenderse con uñas, puños y lágrimas. Ésos escuecen tanto que apenas la dejan dormir, a pesar del silencio.

La Muerte está sentada en su casa, se toma un taza de té y piensa en todas estas cosas, cuando algo golpea la puerta. Son unos pequeños guijarros. Ésa es la forma que tiene Dios de avisarla cuando la necesita: tira unas piedras contra la puerta de su casa para que la Muerte salga y le ayude a que el mundo siga girando.