miércoles, 24 de febrero de 2010

MEMENTO MORI

La Muerte vive en una casa muy alejada y todos los que se acercan a su mundo no tardan mucho en dejar de vivir, como no podría ser de otra forma. Así que la Muerte no suele tener demasiada compañía.

Los suicidas deciden internarse ellos mismos en su jardín, dispuestos a charlar, tomar un café con ella, tal vez jugar una partida al tute. Pero mueren mucho antes de llamar al timbre. Ésos son los mejores.

Algunos van despistados y sin querer se meten en su casa pensando que es una carretera con menos curvas, una ventana más baja, una escalera sin tantos escalones, una calle menos peligrosa. Ésos duelen.

A otros los arrojan. Los empujan a la casa de la Muerte a pesar de que intenten defenderse con uñas, puños y lágrimas. Ésos escuecen tanto que apenas la dejan dormir, a pesar del silencio.

La Muerte está sentada en su casa, se toma un taza de té y piensa en todas estas cosas, cuando algo golpea la puerta. Son unos pequeños guijarros. Ésa es la forma que tiene Dios de avisarla cuando la necesita: tira unas piedras contra la puerta de su casa para que la Muerte salga y le ayude a que el mundo siga girando.

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